¿Y si tanto los neodarwinianos acérrimos como los teleologistas tuvieran ambos razón? ¿y si la conciencia fuera una manifestación inevitable a pesar de la contingencia?
No hace mucho tiempo comencé a familiarizarme con la biofilosofía de Teilhard de Chardin. Llegué a este insigne pensador a través de una búsqueda devenida de ciertas intuiciones que me asaltaban y que vi confirmadas en su peculiar filosofía.
Este mes de abril se celebra el 50 aniversario de su muerte, sin embargo pocos conocen a este paleontólogo, filósofo y físico jesuíta galo. A quien sí conoce todo el mundo sin embargo, es a otro gran físico y pensador que murió ¡tan sólo 8 días después de Tailhard de Chardin! Hablo del mismísimo Albert Einstein.
Mientras Einstein protagoniza este año los mejores memoriales, los actos más sublimes, las conferencias más sesudas y los reconocimientos más excelsos, a Teilhard se le han dedicado unos cuantos modestos actos en virtud de la memoria de sus ideas. Muchos pensarán que no son equiparables los éxitos de Einstein con las controvertidas intuiciones de Teilhard. No obstante es ahora cuando se empieza a prestar atención a las ideas teilhardianas ante el muro de contradicciones con el que se está topando la ciencia en general. No me cabe duda de que con Teilhard surge un nuevo paradigma al plantear de forma seria y contundente una cosmovisión teleológica, en la que implica a la evolución (no sólo biológica, sino del Universo en general) en una ortogenia. Empiezan a proliferar pensadores que desarrollan las ideas teilhardianas a la luz de los nuevos descubrimientos en materia de física y genética principalmente. Y es que Teilhard pareció defender una nueva manera de hacer ciencia, en la que en vez de separar y analizar proponía integrar todos los fenómenos del Universo en un sistema. Ideas como "así como es arriba, es abajo" o "el todo está contenido en la parte" empiezan a ser cartas habituales en el juego de la ciencia más vanguardista. La física se topa con paradojas irresolubles en el paradigma clásico: partículas que son ondas, indeterminación, imposibilidad de separar observador de objeto observado, continuidad de conceptos separados como espacio, tiempo y conciencia...
En este contexto me viene como una luz una idea que quizá ya esté barajada por ahí, pero que hasta el momento se me ha dado en forma de intuición. En medio del debate abierto entre pro-teilhardistas y anti-teilhardistas, principalmente representados por teleologistas y neodarwinianos respectivamente, encuentro un punto de conciliación.
Primero, para familiarizarnos mínimamente con las ideas de Teilhard de Chardin, diré que considera la vida como algo inherente a las propiedades del universo. Es decir: la vida no es un epifenómeno de la naturaleza, sino una propiedad inherente a las características íntimas de la materia. Mediante un proceso de complejificación, la materia tiende a organizarse en estructuras cada vez más complejas a la par que surge una conciencia más desarrollada: «No hay nada científicamente pensable en la naturaleza que no se halle en función de un enorme y único proceso conjugado de «corpusculización» y de «complejificación» en el curso del cual se dibujan las fases de una interiorización gradual e irreversible («conscientización») de lo que llamamos (sin saber lo que es ) Materia».
Bajo estas ideas y considerando la coherencia de la crítica que hacia el fenómeno de la conciencia humana efectúan aquellos partidarios del hombre como casualidad (debido a que en la contingencia se han dado muchas posibilidades de que el hombre no surgiera), observé el asunto trascendiendo un poco la idea de hombre como fin necesario para la conciencia. Así, puede que efectivamente el hombre sea una casualidad dada la violencia de la contingencia (en cualquier momento un cometa puede convertir en la nada todo rastro humano), pero atendiendo profundamente a las ideas de Teilhard, no es el hombre una condición sine qua non para el surgimiento de la conciencia. Si la contingencia hubiese sido alterada en cualquier momento, es posible que no hubiese surgido el hombre... pero la evolución no se para. La complejificación continúa a pesar del hombre, lo cual supone que tarde o temprano la conciencia acabaría surgiendo en una estructura lo suficientemente compleja. Quizá en un bicho morado de medio metro con trompa y ojos saltones. No es el hecho contingente sino la tendencia. Es como si la naturaleza fuese desarrollándose por tanteo, adaptando las formas concretas a las características de la contingencia pero bajo unas leyes específicas de complejificación...
mó — 01-11-2005 23:11:58
Gabriel — 02-11-2005 09:19:05
Julio de La Plata — 28-04-2006 10:48:14
Gabi — 28-04-2006 13:59:06