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Reflexiones sobre el diseño inteligente (III)

Archivado en Reflexiones que no van a ninguna parte • Fecha: 25-05-2005 21:47:22

Todo este debate evolucionistas vs. creacionistas me sugiere el eterno debate ciencia vs. religión. En el fondo la cuestión discutida es la misma. Sólo que quizá la religión, en general, conceptualiza algo inherente a la dimensión espiritual humana y como tal supone una experiencia.

Y en las experiencias los conceptos son irrelevantes. No es su terreno. Una dimensión de la existencia vital es su percepción y uso a través de los conceptos. Eso es algo que estoy haciendo en este momento. Y otra dimensión, que sólo puedo sugerir con estas palabras, es aquello que sentimos y notamos más allá de los conceptos. El terreno de la dimensión conceptualizadora es idóneo para el desarrollo de la ciencia. La ciencia funciona con conceptos y experimentación. Pero esta experimentación no es la misma que la experiencia vital más allá de los conceptos y que pertenece a los sentimientos y sensaciones, a las intuiciones inexpresables, a lo vital. No es lo mismo el experimento que hace un científico que lo que siente y nota, percibe, durante ese experimento. Ese terreno no es cómodo para la ciencia, porque no es describible, medible, acotable, conceptualizable. De ello se ocupa la espiritualidad y presuntamente su versión contextual: la religión. La espiritualidad no es una ciencia, no es una religión: es la experiencia vital del hombre a lo largo de todas su dimensiones y en su devenir. La espiritualidad no se define, es algo que inevitablemente se vive. Cada cual a su manera. Muchos se limitan a vivir y sin saberlo, viven también espiritualmente. Pero las religiones ejercen de conceptualizadoras de la experiencia vital espiritual pues la contextualizan. Quien dentro de una religión aprenda a ver a dónde apunta su dedo señalador, entonces verá la luna, trascenderá la propia contextualidad de su religión, podrá ver con más facilidad a dónde apuntan esos dedos de las religiones.
El conflicto cienvia vs. religión se da así en la pretensión conceptualizadora de la relación del hombre con la Trascendencia. Ésta no es cognoscible, es experimentable. Hay un abismo entre conocer todo sobre el chocolate y comérselo. La ciencia precisa del escepticismo para avanzar. Es inherente a su método: para saber hay que dudar y demostrar, comprobar, corroborar. Para sentir no hay que dudar, ni demostrar, ni comprobar, ni corroborar nada. Simplemente se hace y cada cual puede extraer sus conclusiones o compartirlas o cambiarlas o ampliarlas. No es más válida una experiencia que otra. Somos un paradójico cosmos en nosotros mismos. Somos una parte que quiere destapar el todo y no podemos pretender, en nuestra pequeñez, ignorar esto imponiendo ideas. La religión tiene el deber de discernir la validez de la ciencia, dado que su objeto no es negar la religión o contradecirla. En base a hechos, descubre el mundo. Pero la ciencia no debe tampoco asumir ideas precientíficas, como que detrás de todo esto no hay nada.
Es algo inconceptualizable y la ciencia no se debe preocupar ahora sobre la Razón Última. Si la ciencia dice que no hay razón natural que impida el surgimiento de la vida, quiere decir que el Diseñador es supérfluo en este punto. Si alguna vez diseñó algo, ya no se le necesitaba. Luego la cuestión puede volver a su cauce natural y reubicarse al final del Todo, de donde nunca debiera haber salido.

Escrito por Gabriel Incertis Jarillo
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