
Mirándolo con menos metáfora, la Navidad vendría a ser una fiesta de cumpleaños algo sublimada, sólo que en vez de dar los regalos al cumpleañero, se los reparten entre sí los, digámoslo de alguna forma, invitados. Por si esto no fuera suficiente, se da el caso de que el homenajeado o está muerto o resucitado, según la fe de cada uno, algo inusual en los cumpleaños ordinarios. Insólito en la Navidad como cumpleaños es el asunto ese del nacimiento. A nosotros, en nuestro cumpleaños nadie nos monta una maquetita con figuritas de barro de la escena nuestro parto. Tampoco dice nadie "ooooh, ha nacido Arturito", o Pedro José, pero sí "ooooh, ha nacido Jesús". Es como que nuestros cumpleaños son una especie de recordatorio de que envejecemos irremediablemente mientras que en el de Jesús se celebra presuntamente una y otra vez su nacimiento. Turrón en vez de tarta, cava y sidra en lugar de fanta y coca-cola, langostinos y cordero en vez de panchitos y papas, villancicos en vez del clásico desafinado "cumpleaños feliz"... y bueno, si algo ya hace a la Navidad especialísima es que el último mono de la fiesta es el homenajeado. Donde esté la Nintendo X-Box que se quite el tal Jesusito.
mó — 19-12-2005 14:16:14
To — 19-12-2005 15:47:54
Esteban — 20-12-2005 01:12:52