
Al respecto del común de las experiencias con la ouija o el "juego de la copa" como medio de comunicación con el Más Allá, cabe destacar una serie de coincidencias que explicitadas arrojan una divertida visión sobre esta práctica todavía vigente:
-Versiones "buenas" y "malas" de espíritus, lo cual acentúa una vez más la idea de que en el más allá no existe una gradación continua del bien y del mal como en el mundo ordinario, sino más bien dos espacios metafísicos bien definidos, que en la mitología juedo-cristiana vendrían representados por el cielo y el infierno, a cada uno de los cuales se adscriben los seres de ultratumba según la proporción de sus vicios y virtudes.
-La identificación de estos seres como entes mitológicos determinados. Esto confunde más aún la situación pues si ya es dudable que el ánima interlocutora manifestada consista en el espíritu de un finado, tanto más es que se trate de un ser simbólico surgido de los sistemas religiosos y de conocimiento folklórico como alegoría de alguna característica del Universo, es decir: de un personaje fantástico, de ficción, cuando se considera superficialmente en un nivel primario de intelectualidad, propio de los seres en vía de inteligencia, o protointeligentes, como los que son incapaces de trascender la literalidad de los textos míticos y atender a la enseñanza que contienen. El dedo, la luna, los oídos para oir, ¿recuerdan?.
-El que este ser sea una variante del mismísimo Diablo: sería una particularización devenida del contexto y de la tradición cultural y religiosa en la que tiene lugar la sesión de espiritismo, amén de las creencias personales.
-La necesidad imperiosa, casi obsesiva e injustificada de los espíritus contactados por imponer una prueba o una condición determinada para el abandono de una sesión, particularmente cuando el ente es de signo negativo. A menudo las pruebas consisten en verdaderas gilipolleces y la condición tiende a ser una cláusula en la cual se amenaza la vida de los participantes de la sesión con desgracias de lo más variopinto.
-La omnisapiencia del contactado, capaz de demostrar su autenticidad por medio de pequeñas profecías y adivinaciones, controlando en todo momento el conjunto del espacio-tiempo, viendo cosas donde nadie podía verlas, sabiendo cosas que los demás no sabían, adivinando y revelando intimidades de cualquiera, anticipando eventos con sorprendente precisión... y uno se pregunta por qué cuando se comprueban estas cosas de una forma más analítica todas estas maravillas dejan de manifestarse y parecen frutos fantasiosos surgidos de un estado de sugestión autoinducida y retroalimentada por las sugestiones particulares del resto de participantes.
-La increíble tendencia de los espíritus manifiestos por marujear y cotillear como cotorras de comunidad de vecinos los pormenores de los amoríos y pavoneos de los participantes de la sesión y sus allegados... como si, siendo señores del espacio-tiempo como parecen demostrar con los prodigios descritos en el punto anterior, no tuvieran nada mejor que hacer que excitar las hormonas de los casi siempre púberes o adolescentes espìritistas. Nótese que cuando el aforo es básicamente masculino suelen aparecer entes tendentes a la promiscuidad y el voyeurismo.
La cuestión implícita en el sarcasmo anterior es: ¿dónde está el espíritu?, ¿ahí fuera?, ¿o en vuestras mentes?
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mó — 04-01-2006 08:16:48
Gabriel — 04-01-2006 10:10:45
mó — 04-01-2006 13:42:22