La sal, decían en "Un toque de canela", es la especia de la vida porque es lo que le da sabor.
Una vida sin sal, sin la virtud de un sabor, de sus matices, es una vida desperdiciada en el sentido de que la historia de una roca puede resultar hasta más interesante.
Así que desde esta perspectiva y teniendo en cuenta que esto que nos sucede y llamamos vida -sin saber realmente muy bien en qué consiste- es inevitable y que nadie nos pidió permiso, me veo obligado a no tomarme en serio nada... o al menos a tomármelo todo de una forma absolutamente relativizable, si se me permite la paradoja.
Además el presunto "encarnador de almas" sólo nos hubiese podido consultar a posteriori, una vez aquí, justo en el medio de este paréntesis entre dos vaciós porque por el momento parece que sólo somos en cuanto a que vivos estamos y vivos nos sabemos.
Y todo esto sólo para llegar al punto de que hemos de descubrir que no tenemos derecho a quejarnos de nada y lo que nos viene nos lo comemos con patatas o sin ellas, pero que nadie tiene la culpa.
O bueno, si de algo somos culpables es de quejarnos, de responsabilizar a la vida y a lo que contiene de nuestras miserias sin llegar a ver que tenemos lo que damos, somos lo que nos merecemos y nos sentimos como queremos sentirnos. A pesar de lo que creamos.
Elegimos la respuesta que queremos dar al mundo.
Siempre se puede ser creativo, hasta con las emociones, los sentimientos... pero para ello hay que desentrañar exactamente qué es lo que no sucede, porque lo que no sucede es lo único que sucede.
Así uno se concilia con los rigores de la existencia y siente como máxima conquista la del actor que consiguió salir de la pantalla para ver la película. Uno no deja por ello de reir, llorar, asombrarse, enfadarse o asustarse. Se puede emocionar con la existencia pero sin ser víctima de ella. Incluso en ocasiones uno se puede meter de nuevo en el torrente imparable del devenir del celuloide a 25 fps hasta olvidarse de que aquello es tan sólo una proyección.
Sería muy triste que nunca llegáramos a descubrir esto mientras el show está en marcha. La sal se disfruta mejor en aquello que nos alimenta... pruébese si no a meterse un puñado de sal en la boca.
Digamos que lo que aquí se propone es saltar de nivel de interactividad: del ser inerciales al ser creativos. Es la diferencia que hay entre el que anda perdido creyendo que ya se encontró y del que sigue la firme senda del que sabe que nunca terminará de conocerse.
No es que no valga la pena lo que hoy creemos sufrir... es que vale más la pena saber que incluso eso lo estás eligiendo. Quizá nos sorprendamos al encontrar un mando a distancia en nuestra mano...
Sol — 24-01-2006 09:53:59
Gabi — 24-01-2006 10:18:30