Ayer por la noche descendí a los infiernos con un gramo de paracetamol y otro de augmentine en mi organismo. En el trayecto sudé cinco camisetas, una toalla y dos juegos de sábanas. Pantalones apropiados no tenía tantos, así que me presenté ante Su Satánica Majestad en calzoncillos de cuadros rojos.
Le miré a los ojos y en ellos descubrí que nada tenía que ver él con mis tormentos. Entonces deseé haberme quedado un rato más allá abajo, pero me esperaban los suplicios en mi particular potro de torturas: un colchón que no hay espalda que soporte.
En mis delirios mi cuerpo tomaba forma de escenario de opereta y los agentes patógenos eran oscuros personajes con máscaras venecianas que portaban regalos para el emperador Napoleón. Mi cometido era evitar la entrega para que mi cuerpo sanase.
La enfermedad es muy creativa, pero está llena de clichés.
To — 09-03-2006 13:05:21
Esteban — 13-03-2006 23:09:44
Gabriel — 15-03-2006 14:07:35