Estimada premamá. Lo que tienes ahí dentro no es un madelman ni un argamboy. Es un ser humano. Comparto hasta cierto punto esas ideas progresistas acerca de la libertad de una madre para con sus hijos, pero como decía Khalil Gibran en El Profeta, nuestros hijos no son de nuestra propiedad. Vienen a través de nosotros, pero no nos pertenecen. Bella forma de expresar la libertad intrínseca de cada ser humano, ¿no crees? Lo que pasa es que tendemos a arrogarnos la propiedad de una vida que viene mediante nosotros, idea contra la que nosotros mismos un día nos rebelamos cuando empezamos a sospechar nuestra independencia y libertad con respecto a nuestros progenitores. Nuestro existir incluye el descubrimiento de nuestra independencia, de que no somos propiedades de los que nos trajeron al mundo. Y esa libertad es la que nos hace disponer de nuestra vida a nuestro antojo, a pesar de las humanas legislaciones. Y lejos de ser esta libertad una justificación del libertinaje, se trata más bien del objeto de nuestra responsabilidad. La libertad nos hace responsables de nuestras vidas. Porque en principio, lo primero y lo último que tenemos es nuestra propia vida, y me atrevería a decir que incluso lo único. Todas las demás cosas que tenemos no las tenemos realmente. Así, difícilmente me podrás hablar de algo más sagrado para un ser que su propia vida.
Por ello, que fumes o bebas me parece estupendo. Es un ejercicio de tu propia libertad. Pero no creo que seas consciente de lo que le estás haciendo a esa vida que llevas dentro. Por supuesto que tu vida es tuya y con ella haces lo que te dé la gana. Ha de ser así. Eso es lo que defiendo. Pero por nueve meses tu vida está íntimamente ligada a otra que has decidido traer a través de ti y por ello creo que deberías saber algunas cosas. Si las ignorabas, espero que esto te sirva para ser consecuente para con la libertad intrínseca del ser que llevas dentro:
Fumar durante el embarazo reduce el aporte de oxígeno al bebé, puede producir retrasos en su crecimiento, retrasos mentales, trastorno atencional, hiperactividad, labio leporino e incluso lo puedes matar. Después de nacer, si no lo has matado, persistiendo en tu vicio, convertirás a la criatura que has traído en un fumador pasivo que corre el riesgo de padecer infecciones respiratorias y asma bronquial y mayores probabilidades de muerte súbita infantil. Seguramente será también un ser más nervioso y difícil de calmar.
Si sobrevive, será probablemente un niño con una salud más delicada que la de los hijos de padres no fumadores, perderá más días de escolarización. En sus primeros años sufrirá infecciones de oído medio, tos y bronquitis. Correrá un alto riesgo de ser asmático.
Casi es mejor, que ante tal panorama, se te desprenda la placenta y pierdas el embarazo, algo nada extraño en las embarazadas fumadoras.
Con respecto al alcohol, si bebes más de la cuenta, que en el caso de las embarazadas casi beber cualquier cosa es ya más de la cuenta, puedes ocasionar en la vida que voluntariamente has elegido traer al mundo el llamado síndrome alcohólico fetal (una especie de resaca vitalicia), que le puede producir malformaciones en diversos órganos, a veces realmente traumáticas, retraso mental y de crecimiento, problemas de conducta e incluso la muerte.
Y bueno, podría meterme ya en otros asuntos como el estrés, los enfados, el sedentarismo, etc., pero creo que con darle a tu hijo la posibilidad de ser medianamente normal nos conformamos todos.
¡Ah, prepapá!, ¡todo esto también va por ti!