Su inmutabilidad cuasi-obscena, su arrogante presencia, su hieratismo impertérrito, su aspecto de campesino desencantado, de jubilado ocioso hasta la arcada... no sé qué será pero hay algo en este intérprete que atrapa: uno no acierta a dilucidar si se trata de un homenaje o de una burla al gran Rimsky Korsakov.
Se llama Carlos Rubén Gómez y parece que su sonrisa se quedó donde su cabello, pero toca a la guitarra, con dedos y ¡¡¡a 304 BPM!!! (los que toquéis algún instrumento deberéis estar francamente alucinados) el Vuelo del Moscardón de Rimsky Korsakov.
Observad la práctica ausencia de gestos de emoción o de esfuerzo. Es más, hasta pareciera que le da asco interpretar semejante pieza.
Alucinante.