No es algo que nos resulte ajeno. En casi cualquier templo con cierto atractivo turístico nos encontramos con estampitas, estatuíllas, rosarios y demás parafernalia religiosa. Tradicionalmente la venta de estos productos suponía un ingreso extra para el mantenimiento del templo, pero ocurre en la actualidad un fenómeno que redimensiona el asunto hasta el punto de poder hablar con propiedad de un hipermercado de la fe. Adentrémonos en esta particular manifestación que parece contradecir el fin mismo de la religión:
Comunidades cristianas on-line, Iglesia del ciberespacio, club de fans de Ratzinger, compañías aéreas que aumentan notablemente sus tarifas a los destinos donde se producen eventos religiosos, casas de apuestas pujando por la identidad del nuevo pontífice, jabón para lavar pecados,
modelos de velos vanguardistas para practicar tenis o aerobic, móviles LG para musulmanes con brújula para orientar la Meca, con alarmas para cada una de los cinco oraciones diarias, con posibilidad de oir la llamada al rezo del muecín, texto completo del Corán, calendario musulmán y del Ramadán con modo silencioso para los 40 minutos del rezo, teléfonos Kosher (Motorola modificados) para ultraortodoxos judíos con
restricciones de navegación por internet, mensajería y bloqueo de números indecentes y para la jornada del Sabbath, Padre Nuestro en lenguaje SMS en 160 idiomas, Biblia SMS, conversiones al judaísmo o al hinduísmo vía internet, kits de conversión y adaptación de software para cristianos, hindúes, budistas, musulmanes y judíos (Plug and Pray), peregrinaciones virtuales a Lourdes, parques temáticos de las sagradas escrituras, oraciones y plegarias on-line, e-Rosario, confesiones por Internet con cretificado de absolución, cementerio chií on-line...

No es broma, no, todo eso ya está aquí...
Y éstas son sólo algunas de las excentricidades del fenómeno religioso cuando pierde totalmente su rumbo, cuando se solapa sobre sí mismo y se degrada en una caricatura grotesca del hecho espiritual.
¿Dije excentricidades? Bueno, a la luz de lo que vengo observando en los últimos tiempos, esto del merchandising religioso parece algo más bien asentado, aceptado y tolerado que una excentricidad.
Al final la religión, lejos de su pretensión original y de la dirección a la que apunta la etimología de su concepto, se convierte en un embotador más de la mente. Bienvenidos al circo, ¿quieren más?, pues pasen y vean...
Rafa — 28-07-2006 09:44:40