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Feliz mañana de agosto

Archivado en Cosas que pasan • Fecha: 11-08-2006 10:35:53

Faltan dos minutos para que llegue el metro. Bien. Llegué a tiempo. Es mi último día de trabajo antes de dos semanas de vacaciones. Ayer me acosté tarde -me invitaron a una cena- y noto de forma inmanente esa alteración de conciencia que produce el cansancio aceptado en el conocimiento de que a partir de las dos de la tarde voy a poder dormir todo lo que me dé la gana. Mi estado de ánimo es de una neutra placidez. Esto me facilita el estado meditativo y la posibilidad de relativizarlo todo.

Me apoyo en la pared. Me asalta el regocijo de saber que tengo un buen libro a medio leer en la mochila y de que voy a poder disfrutarlo la próxima media hora mientras me dirijo al trabajo. La neutra placidez de mi estado de ánimo se desvía hacia una indescriptible pero sencilla felicidad. Quizá sea eso la felicidad, un instante de dicha tan estrecho y profundo que no cabe en el tiempo.

Oigo al metro llegar. Miro a la derecha y sobre la pared del túnel se proyecta el creciente resplandor del faro frontal. Perfecto. Vuelvo la mirada hacia la izquierda y allá veo una chica de esas a las que no sé en base a qué criterios concretos se dice que va ataviada de "alternativa": pelo caótico teñido de negro, mallas a rayas gruesas blancas y negras dispuestas de forma que el tanga se explicite convenientemente así como el ya clásico tatuaje rabadillero, colgantes varios, pulseras varias, un piercing aquí y otro allá, borde de ojos remarcado sin ninguna atención a la sutileza, uñas pintadas de negro... y una camiseta blanca con enormes y regordetas letras negras. Intento leer el texto, pero entre el abigarramiento de letras que allá se dan cita, la naturaleza de la tipografía y el pelo caótico tapando algunos fragmentos me resulta por el momento indescifrable lo que allá se pretende comunicar. Mi intento dura apenas cinco segundos mientras el metro hace su entrada en la estación, pero es duramente frustrado cuando la chica, percatándose con, diría yo, excesiva sensibilidad de mi tan breve como sutil intento por descifrar el mensaje de su camiseta, se dirije en tono despectivo hacia mí: "si quieres puedes apuntártelo, ¿no te jode?", dicho lo cual se aleja como huyendo de cualquier réplica que al respecto yo le pudiera ofrecer y protegiendo así lo que creo yo que ella consideraría como su primer intento matinal por reforzar su evidentemente mermada autoestima.

Y no le salió nada bien, vaya que no.

Sentado ya en el metro reconozco que durante un rato estoy afectado hasta que varios minutos después, intentando desenmarañar las emociones que su reacción me ha propiciado, consigo convencerme de que el problema lo tenía ella y no yo. Tras unos cuantos rebotes por mi mente, sus palabras salen por donde han entrado. Una extraña compasión precede a la recuperación de la neutra placidez.

Pienso que ahora, si pudiera volver a encontrarme con esta chica le regalaría mi sonrisa más sincera.

Recuerdo entonces la amena lectura que espera salir de mi mochila. Saco el libro y me olvido del mundo. Entonces la neutra placidez se torna de nuevo en indescriptible pero sencilla felicidad.

Escrito por Gabriel Incertis Jarillo
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Comentarios

  1. tú lo has dicho, 'mermada personalidad'!!
    me ha hecho reir tu post Gabi.....
    poco queda para que partas no? qué tal va todo?
    te deseo lo mejor!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    bikos

    mó — 22-08-2006 10:27:07

  2. Mó, gracias por el comentario. Sí, me quedan a fecha de hoy cuatro días para marcharme. Extrañas "añoralgias" de mi ciudad y los míos pero ilusión por los misterios que se vienen. Seguiremos igualmente en contacto. Tú no notarás que me he movido de sitio :P
    Un beso

    Gabi — 28-08-2006 10:13:35


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